La cumbre de los países BRICS que terminó el jueves en Johannesburgo, Sudáfrica, más allá de los desfiles oficiales y las declaraciones retóricas, puede convertirse en una peligrosa trampa para Brasil, que ahora corre el riesgo de perder su imagen de país super partes, especialmente en política exterior. A pesar de las entusiastas declaraciones de Lula sobre la expansión del bloque - “ahora representamos el 36% del PIB mundial”, dijo - el presidente tendrá que contar pronto con la realpolitik de Rusia y, sobre todo, de China, que se perfila como la verdadera ganadora de la cumbre. La ampliación a otros seis países (Argentina, Egipto, Etiopía, Irán, Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita), los último cinco gobernados por regímenes autoritarios o dictaduras, es una victoria para Pekín, que se refuerza con un bloque de países con valores mucho más cercanos a los suyos que las democracias.
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La ampliación de los BRICS corre el riesgo de ser una trampa para Brasil, empezando por la defensa de los derechos humanos
Según varios analistas, es plausible imaginar que en el escenario internacional China invite a los BRICS a defender sus posiciones. Por eso, fuentes cercanas a la cancillería brasileña, el Itamaraty, confirmaron a Infobae la preocupación de la diplomacia por hacer convivir ahora la agenda progresista de Lula dentro de ese bloque.
“El dilema de los BRICS” se ha bautizado en los pasillos de Brasilia al impasse en el que el país sudamericano corre el riesgo de quedar atrapado ante los ojos del mundo. Cabe preguntarse ahora, por ejemplo, cómo se coordinarán las posiciones de los BRICS en órganos como el Consejo de Derechos Humanos de la ONU y hasta qué punto se utilizará la nueva alianza para enterrar las críticas a las violaciones de estos países. En la declaración final de los BRICS, aprobada el jueves, los diplomáticos brasileños consiguieron que el texto mencionara explícitamente la defensa de los derechos humanos y la democracia. Pero, en realidad, está por ver cómo se regulará Brasil en los organismos internacionales. Tras meses en los que el gobierno de Lula se ha mostrado ambiguo en muchas cuestiones de política exterior, empezando por la invasión rusa de Ucrania, por la que el presidente brasileño pidió una paz “en la que todos cedieran algo”, el país se ve ahora obligado por esta nueva configuración de los BRICS a una claridad estratégica que hasta ahora siempre había evitado, prefiriendo una política de ambigüedad.
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