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Nikki Haley ha navegado la interna republicana durante 20 años. Eso podría ser imposible con Trump

Cuando Nikki Haley era legisladora en Carolina del Sur, respaldó presupuestos fortalecidos con ayuda federal. Como candidata a gobernadora, criticó la “cultura del salvamento” y la dependencia de Washington.

Alguna vez dijo que la bandera de la Confederación —los estados sureños esclavistas que se separaron de la Unión— era un símbolo patrimonial e hizo caso omiso a los llamados a retirarla de los terrenos de la gobernación. Después de una masacre racista en Charleston, Haley la hizo retirar.

Cuando Donald Trump era aspirante a la candidatura presidencial en 2016, ella se opuso, pero luego aceptó el puesto de embajadora a las Naciones Unidas. Ahora, Haley le disputa la candidatura republicana para 2024 y lo califica de agente del caos.

Durante casi 20 años, Haley ha buscado la manera de ubicarse en un Partido Republicano que vira a la derecha, tratando de ganarse tanto al centro tradicional de poder partidario como a la base ultraderechista que provocó el surgimiento de Trump. Se la ve como una unificadora pragmática o bien como una veleta que gira a favor del viento, y sus virajes políticos han sido el flanco más atacado por sus adversarios.

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