China 11 mayo 2021

Prestigioso investigador insiste en que el Covid se originó en un laboratorio

La teoría de que el coronavirus escapó de un laboratorio en Wuhan y no de un mercado de animales vuelve a tomar fuerza, de acuerdo con la más completa investigación sobre el tema realizada hasta la fecha

Su autor es el prestigioso periodista e investigador británico Nicholas Wade, quien reunió elementos que apuntan a que el SARS-CoV-2 fue creado en el Instituto de Virología de la ciudad china donde comenzó el brote en 2019.

Wade, uno de los más respetados periodistas científicos del mundo, elaboró un informe de 30 páginas, publicado en el Bulletin of Atomic Scientists, una prestigiosa revista que trata temas relacionados con la seguridad mundial y las políticas públicas, en el que expone por qué la teoría del origen de la pandamia a partir de la fuga de un laboratorio no sólo es muy posible, sino la más probable.

Además de explicar por qué lo más probable es que el Covid sea un virus creado en laboratorio, la investigación de Wade también expone una serie de falta de controles, conflictos de interés y complicidad, tanto del régimen chino, como del mundo científico.

El principal argumento a favor de su teoría es que el patógeno fue desde el primer momento particularmente adecuado para infectar a los humanos mientras, por el contrario, hay poca o nula evidencia que muestre una evolución natural de un virus de los murciélagos a un virus que ataca a las personas.

Wade comparó el SARS-CoV-2 con el virus SARS1, que que surgió en 2003 en los países del sudeste asiático, y el MERS, que causa el síndrome respiratorio por coronavirus de Oriente Medio.

En el caso de estos dos virus su origen animal fue identificado con relativa facilidad por los científicos, algo que no ocurrió en el caso del nuevo coronavirus.

“Nadie ha encontrado la población de murciélagos que fue la fuente del SARS2, si es que alguna vez infectó a los murciélagos. No se ha presentado ningún huésped intermedio, a pesar de una búsqueda intensiva por parte de las autoridades chinas que incluyó la prueba de 80.000 animales”, escribió el investigador.

“No hay evidencia de que el virus realice múltiples saltos independientes desde su huésped intermedio a las personas, como lo hicieron los virus SARS1 y MERS. No hay evidencia de los registros de vigilancia hospitalaria de que la epidemia estuviera cobrando fuerza en la población a medida que evolucionaba el virus. No hay explicación de por qué debería estallar una epidemia natural en Wuhan y en ningún otro lugar”.

Tampoco hay una buena explicación de cómo el virus adquirió su sitio de escisión de furina, una pequeña región de la proteína de espícula compuesta entidades conocidas como codones de arginina, que son comunes en humanos, pero no en coronavirus como el SARS2.

Asimismo, asegura Wade que está documentado que los investigadores del Instituto de Virología de Wuhan estaban realizando experimentos diseñados para hacer que los coronavirus infecten células humanas y ratones humanizados.

“Este es exactamente el tipo de experimento del que podría haber surgido un virus similar al SARS2. Los investigadores no estaban vacunados contra los virus en estudio y estaban trabajando en las condiciones mínimas de seguridad de un laboratorio. De modo que la fuga de un virus no sería nada sorprendente. En toda China, la pandemia estalló en la puerta del instituto de Wuhan. El virus ya estaba bien adaptado a los humanos, como se esperaba de un virus cultivado en ratones humanizados. Poseía una mejora inusual, un sitio de escisión de furina, que no está poseído por ningún otro beta-coronavirus relacionado con el SARS conocido, y este sitio incluía un codón doble de arginina también desconocido entre los beta-coronavirus. ¿Qué más evidencia podría desear, además de los registros de laboratorio actualmente inalcanzables que documentan la creación del SARS2?”, agregó Wade.

¿Por qué entonces la mayoría de los científicos impulsó desde el primer momento la teoría del origen natural?

Según Wade, hubo dos grupos que tuvieron una enorme influencia en la formación de esta postura y llevó a descartar casi de inmediato la teoría de la fuga del laboratorio.

El primer grupo estuvo liderado por Peter Daszak, presidente de EcoHealth Alliance, una organización no gubernamental estadounidense que investiga las enfermedades infecciosas emergentes y recibe financiaciamiento de los Institutos Nacionales de Salud de EEUU (NIH) y del Instituto Nacional de Alergia y Enfermedades Infecciosas (NIAID) dirigido nada menos que por el doctor Anthony Fauci.

Daszak estuvo detrás de una carta publicada en la prestigiosa revista The Lancet, en la que un grupo de 27 expertos condenaban “enérgicamente las teorías de conspiración que sugieren que el Covid-19 no tiene un origen natural” y defendían a los científicos chinos.

La carta fue publicada el 19 de febrero de 2020, cuando, como apunta Wade, “era demasiado pronto para que alguien pudiera estar seguro de lo que había sucedido”.

El segundo es un grupo de virólogos dirigido por Kristian Andersen, del Centro de Investigación Scripps, una entidad orientada a las pesquisas en ciencias biomédicas básicas.

Este grupo, integrado por cinco científicos, también aseguró en un artículo de opinión publicado en The Journal of Nature Medicine el 17 de marzo de 2020, que su análisis mostraba “claramente que el SARS-CoV-2 no es una construcción de laboratorio o un virus manipulado a propósito”.

Esas cartas, que wade calificó de declaraciones políticas y no científicas, fueron asombrosamente efectivas para desestimar la teoría de las fugas de laboratorio.

Tras analizar los errores y las omisiones de esas declaraciones, Wade explica que nadie en la comunidad científica las verificó debido a la ley del silencio que existe entre los virólogos, por el temor de perder financiamiento para sus investigaciones.

“Las carreras pueden ser destruidas por salirse de la línea. Cualquier virólogo que desafíe la opinión declarada de la comunidad corre el riesgo de que su próxima solicitud de subvención sea rechazada por el panel de compañeros virólogos que asesora al gobierno sobre la agencia de distribución de subvenciones”, escribió Wade.

Otra razón, más inquietante, tiene que ver con los conflictos de interés de varios de los virólogos que impulsan la teoría del origen natural.

El caso más notorio es el del propio Daszak, quien a fines de 2019 contaba en una entrevista lo fácil que era modificar genéticamente los coronavirus en un laboratorio y financió las investigaciones que se llevaban adelante en el Instituto de Virología de Wuhan con fondos destinados por el Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas de Fauci.

“Si el virus SARS2 se hubiera escapado de la investigación que él financió, Daszak sería potencialmente culpable”, señala el periodista británico.

Este agudo conflicto de intereses no fue presentado a los lectores de The Lancet. Por el contrario, la carta concluía con un rechazo rotundo a cualquier conflicto de interés.

Además, Daszak fue uno de los especialistas enviados por la Organización Mundial de la Salud a China para investigar los orígenes de la enfermedad y “casualmente”, fue uno de los expertos que recorrió el Instituto de Virología de Wuhan.

También fue uno de los redactores del brevísimo informe que descartó la posibilidad de una fuga de laboratorio, sin pedir más estudios e investigaciones al respecto.

Wade también criticó al papel de los grandes medios estadounidenses, considerando que su postura sobre el tema se vio sesgada por su oposición al entonces presidente Donald Trump.

“Debido a que el presidente Trump dijo que el virus se había escapado de un laboratorio de Wuhan, los editores le dieron poca credibilidad a la idea. Se unieron a los virólogos para considerar la fuga del laboratorio como una teoría de la conspiración descartable”.

Eran todos contra Trump, sin importar quién tuviera la razón.

Sobre la teoría de un origen natural, Wade señala que los murciélagos que albergan a los virus más cercanos al SARS-CoV-2 viven en cuevas en Yunnan, en el sur de China.

“Si la pandemia hubiera comenzado infectando a las personas que viven alrededor de las cuevas, eso favorecería fuertemente la emergencia natural. Pero la pandemia estalló en Wuhan, a casi 1.500 kilómetros de distancia, en una época del año en que los murciélagos entran en hibernación. En el escenario de emergencia natural, es difícil ver cómo el virus estalló naturalmente en algún lugar fuera de Wuhan y luego apareció en la ciudad sin dejar ningún rastro de su origen en otro lugar”.

Todo lo contrario ocurre en el caso de la fuga del laboratorio: los investigadores del Instituto de Virología de Wuhan estaban creando virus peligrosos en condiciones de seguridad inadecuadas.

“Si se hubiera generado allí un virus con la infecciosidad inesperada del SARS2, su escape no sería ninguna sorpresa”.

Con respecto a la evolución natural, Wade explica que los virus que saltan a nuevos huéspedes generalmente necesitan muchas mutaciones para perfeccionar su adaptación a la nueva especie objetivo.

Sin embargo, el SARS2 se adaptó enseguida casi perfectamente a las células humanas y apenas ha cambiado desde entonces.

Además, el periodista se enfoca en una característica única de este virus. Se trata de una pequeña región de la proteína de espícula llamada sitio de división de furina, compuesto por 12 de las 30 mil unidades de su genoma.

Wade explica que un virus generalmente adquiere insertos como este al intercambiar accidentalmente unidades genómicas con otro virus cuando ambos invaden la misma célula.

Pero ningún otro virus conocido en el grupo de SARS2 tiene este inserto de 12 unidades.

Los defensores de la teoría de la emergencia natural argumentan que el virus podría haber adquirido el inserto de células humanas después de haber saltado a las personas.

Sin embargo, nadie ha encontrado todavía la población humana en la que el virus podría haber evolucionado de esta manera. El inserto también contiene entidades conocidas como codones de arginina, que son comunes en humanos, pero no en coronavirus como el SARS2.

Bajo el escenario de escape de laboratorio, el inserto es fácil de explicar.

En el artículo, el autor cita a Steven Quay, un empresario de biotecnología, quien afirma que desde 1992, la comunidad de virología ha sabido que la única forma segura de hacer más letal un virus es dándole un sitio de división de furina.

Wade también menciona al virólogo David Baltimore, ex presidente de CalTech y descubridor de una enzima utilizada en todas las pruebas en que se basan los PCR.

“Cuando vi por primera vez el sitio de escisión de la furina en la secuencia viral, con sus codones de arginina, le dije a mi esposa que era la prueba irrefutable del origen del virus. Estas características suponen un poderoso desafío a la idea de un origen natural para SARS2”, dijo Baltimore a Wade, quien señala a dos responsables fundamentales de esta pandemia que ha puesto al mundo patas arriba.

En primer lugar, Wade apunta a los virólogos chinos. “Si el virus se escapó de su laboratorio, se merecen la censura mundial por un accidente previsible que ya ha causado la muerte de tres millones de personas”.

En segundo lugar, el gobierno de Xi Jinping, que ha hecho todo lo posible por ocultar la naturaleza de la pandemia y su responsabilidad.

“Suprimieron todos los registros del Instituto de Wuhan y cerraron sus bases de datos de virus. Publicaron un goteo de información, gran parte de la cual puede haber sido completamente falsa o diseñada para desviar y engañar. Hicieron todo lo posible para manipular la investigación de la OMS sobre los orígenes del virus y llevaron a los miembros de la comisión a una infructuosa carrera. Hasta ahora han demostrado mucho más interés en desviar la culpa, que en tomar las medidas necesarias para prevenir una segunda pandemia”, concluyó Wade, quien insiste en que encontrar el verdadero origen es un deber con las víctimas y sus familiares, con las personas que han pasado más de un año confinados, con el mundo que ya dejó de ser desde hace 15 meses tal como lo conocíamos.

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