Los vítores estallaron en la cabina del vuelo 387 de JetBlue cuando la nave tocó tierra. Los pasajeros —en su mayoría ejecutivos de la aerolínea, funcionarios del gobierno estadounidense y periodistas, junto con algunas familias cubano-estadounidenses y turistas de Estados Unidos— recibieron bolsas con libros de cocina cubana, etiquetas conmemorativas para el equipaje y banderas de la isla, y se les alentó a que las ondearan.
La llegada inicia una nueva era de viajes entre los dos países con unos 300 vuelos semanales. Cuba sigue siendo inaccesible para la mayoría de los ciudadanos estadounidenses debido a un embargo comercial de 55 años y la prohibición formal de hacer turismo en la isla.
"El arribo rutinario de aerolíneas estadounidenses a la isla impulsará una sensación de apertura, integración y normalidad. Eso tiene un gran impacto psicológico", dijo Richard Feinberg, autor del nuevo libro "Open for Business: Building the New Cuban Economy" ("Abierto: Construyendo la nueva economía cubana").