Es difícil ignorar el simbolismo: el grupo de presión nació en 1981, fundado por veteranos de misiones encubiertas respaldadas por Estados Unidos para derrocar a Fidel y Raúl Castro y durante muchos años trabajó para socavar al gobierno comunista desde sus oficinas en un edificio sin señalizar en Miami, fuera de la zona de la Pequeña Habana. Un guarda mantenía fuera a los visitantes no bienvenidos y su líder, Jorge Mas Canosa, tendía a dejar poco espacio a las opiniones discrepantes.
Sin embargo, el hijo de Mas Canosa, Jorge Mas Santos, ha transformado la fundación tras la muerte de su padre en 1997 y el nuevo edificio encaja mejor con el nuevo capítulo en las relaciones cubano-estadounidenses, más directo y transparente.
También refleja cómo una industria de nicho de apasionados grupos anti castristas, sostenida en parte por millones de dólares del contribuyente estadounidense a lo largo de los años, tendrá que adaptarse a las nuevas formas de tratar con Cuba.