Dijo José Martí que ellos nacieron para ser felices, que son los que saben querer y también la esperanza del mundo. Lo cierto es que la inmensa desidia y depauperación humana y material en la que se encuentra sumida la Isla, ha condicionado que desde edades muy tempranas los niños, los príncipes enanos de Martí, comiencen a sufrir los desmanes del sistema en los llamados círculos infantiles o jardines de la infancia.
Círculos infantiles: ¿cárceles o castillos?
La atención y las condiciones de los círculos infantiles estatales son pésimas, pero hay otra clase de guarderías, como las dos que posee la hija del general Ulises Rosales del Toro.
El pasado 10 de abril celebraron su 54 aniversario estos centros. Según reza un viejo proverbio la educación comienza en la cuna, en Cuba sigue en el círculo infantil y luego de pasar por los cada vez más deteriorados eslabones del cada vez más caduco y deprimente sistema de enseñanza, culmina en la tumba.
Pero, desgraciadamente, el reto de educar no lo cumplen esos círculos infantiles inventados por Vilma Espín, y hoy día no se trata solamente de las carencias económicas ni de los ínfimos recursos que el Estado dedica a la educación y cuidado de los más pequeños. El problema va más allá de lo material, es de los estratos del alma, de la llamada miseria humana y de las pocas ganas que los cubanos tienen ya de hacer las cosas bien.