Cada vez se hace más difícil divertir en Cuba a los más pequeños. Los pocos parques y otros centros recreativos existen solo para exhibir su creciente deterioro. Y, al no existir suficientes lugares para el sano esparcimiento y el entretenimiento, los padres no tienen otra opción que distraer a sus hijos comprándole juguetes.
¿Con qué juegan los niños en Cuba?
Pero Papá Noel o los Reyes Magos parecen haber renunciado a este país en el que todo es un problema. Algunos niños los esperaban en enero, otros lo siguen esperando y en las semanas de receso y en vacaciones los esperan en vano, rehaciendo las carticas. Conservan aún su inocencia, que poco a poco se va desvaneciendo, esperando que los funcionarios encargados de surtir las tiendas de juguetes dejen de estafar a sus padres.
Los juguetes en Cuba se han convertido en un artículo de lujo, cada vez más costosos y de exigua calidad. Resultan un negocio redondo para el Gobierno, que invierte muy poco en China comprando los artículos plásticos más baratos que encuentra y que luego comercializa, apelando al sentimentalismo de los padres, a precios increíbles. Tan malos son esos juguetes que no parecen haber pasado el control de calidad en sus fábricas. Son, en resumen, una verdadera estafa.
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