Al igual que muchos de sus compatriotas, este empleado de 42 años en una tienda de fotografía imaginó que si los lazos entre ambas naciones se restablecían y las sanciones se levantaban, la isla podría mantener beneficios sociales como la salud y educación gratuitas a la par de obtener una inyección de divisas para sacar adelante la estancada economía.
Nueve meses después la realidad se ve incierta y el año que viene será probablemente una dura prueba para el presidente Raúl Castro tras el triunfo del republicano Donald Trump y las dificultades en Venezuela, el principal aliado económico de Cuba.
"La expectativa cuando llegó Obama era de cambios... y que hubiéramos podido mantener lo mejor, lo favorable para el pueblo", dijo Romero a The Associated Press. "Obama no pudo contra su Congreso, yo pensé que ese iba a ser el legado de él".