En un sucio y destartalado agromercado con el piso cubierto de tierra rojiza y anaqueles oxidados en el populoso barrio de El Pilar, municipio Cerro, a diez minutos en auto del centro de la capital, Sandra, ama de casa, estuvo dos noches haciendo cola a la espera de las papas.
Cuba o la agonía de comer papas
"Llego muerto de cansancio del trabajo y tengo que ponerme a hacer cola por la tarde, bajo el sol, o de madrugada. Las prefiero fritas, pero cuando tengo papa no tengo aceite para freírlas", se lamentó Agustín, un obrero.
"Como a las tres de la tarde llegó el camión. Demoraron una hora en descargarlas y cuando comenzaron la venta, la cola tenía ya una cuadra de largo. El jaleo fue tremendo. Tuvo que venir la policía a poner orden. Se coló un montón de gente y me quedé sin comprar papas. El administrador y los empleados guardaron una gran cantidad de sacos, para venderlas por la izquierda", apunta Sandra, quien dos días después pudo comprar veinte libras de papas tras otra noche de cola.
Ni el show del comediante estadounidense Conan O'Brien en La Habana, los selfies de Paris Hilton y Naomi Campbell con los playboys de la burguesía local o los bretes del presidente Nicolás Maduro han disociado a los cubanos de a pie de sus urgencias cotidianas.