Después de estar siete años sola —y ante el desinterés de los cubanos por tener una relación estable—, Laritza decidió buscarse un enamorado extranjero. Para lograr su objetivo pensó que una de sus fortalezas era precisamente ser cubana. Es conocida la fama de la belleza de nuestras mujeres, sin desdorar a las colombianas o brasileñas, por sólo citar dos ejemplos, símbolos todas de latinidad, fuego y pasión.
El drama de una cubana para "verse bella"
Después de estar siete años sola, decidió buscarse un enamorado. ¿Extranjero o cubano?
Pero primero debía encajar en todos los estándares de belleza de los extranjeros, tanto europeos como estadounidenses, para tener más posibilidades.
Lo primero que hizo fue tratar de ponerse en su peso ideal. Ya estaba harta de ser durante años la víctima de tan mala alimentación, donde dos de sus tres comidas se basaban en el pan, a veces sustituidas por pizzas —que para el caso es lo mismo—; de no comer a derechas frutas ni vegetales, por su escasez y altos precios, y de usar tanta azúcar como método para calmar el hambre.
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