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Cuba

El joven cubano que envejeció en prisión

"Aquí llegué cuando era casi un niño, y hoy soy un hombre maduro con canas y arrugas... Aquí fui perdiendo cada diente."

LA HABANA, Cuba.- Pedro de la Caridad Álvarez Pedroso emigró siendo un niño a los Estados Unidos y se radicó en Miami. Atrás dejó su casa, a su padre, a mucha de su gente… Desde aquella infancia tan temprana no podía entender las razones que hicieron que la madre se decidiera por el exilio, tampoco pudo explicarse los motivos que llevaron a tantos cubanos a viajar al norte. Nada entendía, ni siquiera cuando le dijeron que no estar conforme con los gobernantes no era suficiente para cambiar la insoportable realidad. Él entendía muy poco en esos días, pero sí estaba seguro que pensar en contra del dictador era peligroso, eso sí que lo sabía muy bien; su madre no dejaba de advertirlo para que no repitiera en la calle lo que escuchaba en su casa. Marcharse fue el único camino, para entonces él no lo entendía.

Con muchas dudas hizo el viaje hacia la adolescencia, luego vendría la juventud, y su inconformidad no lo abandonó jamás. En 1991 le llegaría la oportunidad de sacrificarse por su país. Muy bien que recuerda todo cuanto sufrían los cubanos por un llamado “período especial” que ellos no crearon, esos años en que la penuria se acrecentó a niveles insoportables.

A través del Partido Unidad Nacional Democrática (Pund), dirigido en ese entonces por Sergio González, lo convencieron para que se infiltrara en Cuba donde debían crear guerrillas, realizar sabotajes a las industrias. Pedro formaría parte de un frente de lucha contra la dictadura, la que suponían estaba ya en los últimos estertores después de la caída del campo socialista.

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