Dado que los suplementos nutricionales tampoco necesitan pasar por tres fases de ensayos clínicos ni por un sistema de patentes, porque no son fármacos y no curan, se considera una "infracción muy grave" publicitarlos o distribuirlos como tal.
El señor de la moringa
Y, como siempre que existe una línea roja, el juego está en acercarse todo lo posible. "A mí los médicos no me pueden decir nada porque desde el primer momento respeté la palabra". Se refiere a la palabra "curar". Fueron, dice Vecilla, muy cautelosos. "No dices que cura, que es lo que quieren los farmacéuticos, pero lo dejas caer".
Además, la moringa cuenta a su favor con otra corriente que lo sitúa como un alimento idóneo para combatir la malnutrición en países en desarrollo. Instituciones como la FAO han promovido su uso y algunas ONG han puesto en marcha programas de desarrollo de su cultivo y consumo. Entre ellas, Moringa Sin Fronteras, una sociedad limitada registrada en 2013 a nombre del hijo de Vecilla, quien se encarga de la distribución desde Bilbao a 36 países.
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