El primero de ellos fue Juan Pablo II en 1998, en una visita histórica que significó el restablecimiento de las relaciones entre el régimen dictatorial cubano y Roma. Allí, el papa polaco se entrevistó con el jefe de la revolución, Fidel Castro. El encuentro movilizó a los habitantes de la isla y representó un cambio en la política de persecución del régimen contra los católicos. El segundo encuentro ocurrió en marzo de 2012, cuando Benedicto XVI llegó a la capital de ese país latinoamericano y se entrevistó con Fidel y Raúl Castro.
Francisco, en tanto, fue una figura clave en el reciente acercamiento entre los Estados Unidos y Cuba. Fue en un absoluto hermetismo que el Papa unió a las partes, que después de varios meses lograron restablecer sus relaciones, congeladas desde 1961.
Francisco les envió una carta tanto a Obama como a Castro, en la cual les pedía a ambas partes que terminaran con sus "frías relaciones". En su momento, la Casa Blanca aseguró que la misiva le dio a la Administración de Obama "un empuje mucho mayor y necesario para avanzar" con las negociaciones.
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