Ya en el interior, el escenario es desolador. Caminos destruidos, bancos rotos y jardines olvidados se mezclan con basura acumulada en rincones que alguna vez fueron zonas de descanso. El calor y el hedor animal convergen en un ambiente incómodo, intensificando la sensación de abandono.
El Zoológico de La Habana, de emblema capitalino a símbolo de abandono y miseria
El Jardín Zoológico de La Habana, otrora referente de orgullo urbano, se encuentra hoy en un estado deplorable que ha transformado su entrada —antes vibrante y colorida— en un triste símbolo de desidia. Las letras en el cartel apenas se distinguen, pues el tiempo y la desatención parecen empeñados en borrar su historia; los visitantes llegan por costumbre, nostalgia o falta de opciones, más que por entusiasmo
Las condiciones de los animales son particularmente alarmantes. Especies emblemáticas como cebras, venados y camellos ya no pastan en los recintos. La alimentación es escasa y poco adecuada: leones demacrados observan en silencio, mientras que los monos, inquietos y angustiados, extienden sus brazos en busca de comida —a menudo solo reciben melon, calabaza o maíz seco— . En los estanques donde nadaban cocodrilos y tortugas, solo permanece un hipopótamo que flota en aguas repugnantes y estancadas .
Las consecuencias de la epidemia aviar de 2023 también dejaron su huella: los flamencos y avestruces desaparecieron, y hoy solo sobreviven cinco buitres, en un entorno poco propicio para su supervivencia.
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