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Cuba

En Cuba: ni naranja dulce ni limón partido

La producción de cítricos tocó fondo en 2012 con apenas 206.250 toneladas frente al millón de 1990.

Un conocido cantante cubano quiso grabar su último videoclip entre los arbustos de un naranjal. Tuvo que buscar durante semanas, hasta que encontró un sembrado con cítricos de pequeño tamaño y apagado color. La solución fue pintar con spray de pintura anaranjada cada fruta que saldría en escena, maquillar la realidad para esconder el drama que vive ese cultivo.

El huanglonbing (HLB) o dragón amarillo es una grave enfermedad de la citricultura que ha devastado extensas plantaciones por todo el mundo y que se ha cebado en Cuba en los últimos años. Atrás han quedado los tiempos en que en los sitios más intrincados de nuestra geografía, en cada patio o finca había sembrada una mata de naranja, limón, mandarina o toronja, y el olor de los azahares llenaba las tardes cubanas.

El paisaje antes de esta tragedia citrícola era bien distinto. A principios de la década de los setenta, se incrementaron las siembras de estas frutas en tierras estatales y se multiplicaron los frigoríficos, las envasadoras y las plantas industriales para procesarlas. El "plan citrícola" se convirtió en política de Estado y copió toda la desmesura de otros proyectos impulsados por Fidel Castro.

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