Un conocido cantante cubano quiso grabar su último videoclip entre los arbustos de un naranjal. Tuvo que buscar durante semanas, hasta que encontró un sembrado con cítricos de pequeño tamaño y apagado color. La solución fue pintar con spray de pintura anaranjada cada fruta que saldría en escena, maquillar la realidad para esconder el drama que vive ese cultivo.
En Cuba: ni naranja dulce ni limón partido
El huanglonbing (HLB) o dragón amarillo es una grave enfermedad de la citricultura que ha devastado extensas plantaciones por todo el mundo y que se ha cebado en Cuba en los últimos años. Atrás han quedado los tiempos en que en los sitios más intrincados de nuestra geografía, en cada patio o finca había sembrada una mata de naranja, limón, mandarina o toronja, y el olor de los azahares llenaba las tardes cubanas.
El paisaje antes de esta tragedia citrícola era bien distinto. A principios de la década de los setenta, se incrementaron las siembras de estas frutas en tierras estatales y se multiplicaron los frigoríficos, las envasadoras y las plantas industriales para procesarlas. El "plan citrícola" se convirtió en política de Estado y copió toda la desmesura de otros proyectos impulsados por Fidel Castro.