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Opinión

¿Es Martí el opio del pueblo?

'Todo sistema autoritario o totalitario enfrenta un problema real: cómo renovar la maquinaria de campo en materia de propaganda.'

La historia ideológica del castrismo se repite casi siempre como tragedia y algunas veces como comedia. Una ojeada a las ediciones de Granma de estos días bastará de muestra: "Martí vuelve, como de un baño de luz". El despliegue defensivo lanzado hacia "su" Martí, en respuesta a la aparición de Clandestinos en la escena cubana, confirma lo anterior.

Es conocida la frase, atribuida erróneamente a Marx, de que la religión es el opio del pueblo. En el caso de Cuba, cabría preguntarse si Martí ha devenido en una especie de opio para los cubanos. Durante el siglo XX la filosofía marxista sirvió de opio para más de una treintena de pueblos, incluido el cubano, el país del socialismo del nunca jamás, donde ni siquiera hoy el aparato oficial habla más de Marx y menos aún de la construcción de algún tipo de socialismo del siglo XXI.

Cada uno de los regímenes totalitarios edificados bajo el patrón del socialismo real tuvo, al menos en el espíritu ideológico, un componente marxista: la lucha de clases, el colectivismo, el centralismo económico, las expropiaciones…; y un componente leninista: el Partido. Cada uno con sus variantes políticas: la Unión Soviética y sus satélites con el marxismo-leninismo; China con el maoísmo; Corea del Norte con la idea Juche; Siria e Iraq con el Baaz árabe socialista, por citar algunos. El "capital" común de todos esos modelos sociales fue la represión de las libertades y la desaparición absoluta del individuo.

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