PARÍS - Amanece en París, este 26 de noviembre, el sol apenas se asoma. Desde mi sueño profundo escucho un teléfono sonar. No quiero descolgarlo. Es mi marido quien lo hace. Su voz me dice:
Fidel Castro mandó a fusilar a mi padre; no lamento su muerte
“Se murió, se murió, despierta! ¡Se Murió Fidel!” Yo murmullo: “Otra vez él... Otra vez va a sacarme del sueño”
Así fue hace 27 años, cuando me anunciaron el arresto de mi padre. Y, por tanto, esa llamada me persigue como un fantasma. No, yo no quiero despertar, él no tiene ese derecho.