Un cuarto de siglo después, el trabajo realizado por Eusebio Leal convirtió a La Habana Vieja en un paso obligado para los viajeros a Cuba, desde Barack Obama y Madonna hasta los más anónimos turistas; y la Oficina que él dirige se transformó en ente con autonomía presupuestaria --una rareza en el marco de un Estado fuertemente centralizado como el cubano-- e ingresos millonarios provenientes de centenares de negocios que le permitieron alimentar la restauración.
Por estos días, sin embargo, sorpresivamente el sistema empresarial montado por Leal quedó bajo el mando de administradores militares.
La absorción por parte del Grupo de Administración Empresarial (GAESA) perteneciente a las Fuerzas Armadas de las empresas de la Oficina del Historiador de la Ciudad, la dependencia de Leal, incorporó una nueva perla a un collar de adquisiciones que los militares enhebraron en los últimos años y que los llevó a convertirse en una de las instituciones más poderosas de la economía cubana.