LA HABANA, Cuba. -Un amigo español, de visita en Cuba, me llamaba la atención sobre el modo peculiar de dar y recibir propinas en Cuba. "A veces", me decía, "me parece que estoy sobornando; otras, me siento como que ofrezco una limosna pero, al final, siempre me queda la sensación de que he sido estafado".
Jineterismo sin sexo
De prohibida y sancionada en los años anteriores a la debacle del socialismo, en Cuba la propina ha pasado a ser un verdadero fenómeno que afecta no solo a los visitantes extranjeros sino a los propios cubanos, por las peculiares formas que ha adoptado, a caballo entre los impuestos y la acción caritativa.
Importantes sitios en internet que ofrecen información a quienes pretenden hacer turismo en la isla, como eHow en español, advierten cosas como estas, que evocan aquellos inicios de la colonización cuando los españoles cambiaban espejitos y cascabeles por pepitas de oro: "Los cubanos (...) aceptan regalos o bienes en vez de propina, especialmente en los hoteles. Por ejemplo, coloca una selección de champús y otros productos de cuidado corporal en una canasta de regalo y déjala en la habitación el último día de tu estadía para el personal de limpieza".