En días pasados uno de mis vecinos, un señor de la tercera edad que percibe una magra jubilación mensual de 200 pesos cubanos –unos ocho dólares–, me sorprendió con la siguiente pregunta: ¿Te enteraste de lo relacionado con los refrigeradores chinos? Reconozco que, ante la trascendencia de otros sucesos acaecidos en este mes de agosto, no le había dado al caso de los refrigeradores la importancia que merece.
La burla de los refrigeradores chinos
Se refería mi vecino a una información aparecida en el semanario Trabajadores ("Rompiendo el hielo", edición del lunes 3 de agosto de 2015), en la cual, además de recogerse las impresiones de los mecánicos que se esfuerzan por reparar los refrigeradores que en número creciente van deteriorándose, se dio a conocer que nos acercamos al término de la vida útil de esos equipos.
A partir del año 2005 y aproximadamente hasta el 2008, y como parte de la "revolución energética" concebida por el máximo líder, las autoridades obligaron a los ciudadanos a entregar sus refrigeradores –la mayoría de fabricación norteamericana– a cambio de otros de procedencia china, principalmente de la marca Haier. Sólo en La Habana fueron introducidos más de 670 mil refrigeradores provenientes del país asiático.