A las nueve de la noche sonaron los fuegos artificiales durante unos escasos segundos, había comenzado el Carnaval de La Habana, pasarían carrozas más que fúnebres, aunque bellas cubanas de todas las tonalidades posibles bailaran al son de una música obligada por la supervivencia.
La Habana: un carnaval encerrado
Unos segundos de fuegos artificiales, muchos policías con perros, el viernes pasado comenzó el carnaval de La Habana.
No es fácil encerrar a dos millones de personas en algo más de diez cuadras, entre el parque Maceo y el monumento al Maine, los accesos laterales custodiados por decenas de policías, perros además. En el Malecón casi emulando el número de guardias al de consumidores.
Las ofertas significan un simple traslado hacia el litoral de lo que habitualmente se vende en cada barrio capitalino: cervezas dispensadas a seis pesos la jarra; de botella a diez pesos; las demás, enlatadas, entre 18 y 25 pesos, similar al precio del turista.