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La Habana

La revolución cubana vende sus medallas

Las compran algunos extranjeros, de esos que acuden a la Isla a pasear por los escombros de la utopía

LA HABANA, Cuba – En la Plaza de Armas de la Habana Vieja, además de libros y revistas de uso, fotos y postales antiguas, carteles, discos de acetato, álbumes de sellos, banderines, gallardetes, billetes de la era republicana y todo tipo de bibelots, se venden medallas y condecoraciones.

Ninguna cuesta más de 50 pesos. Las hay de bronce, latón y calamina. Las menos, son de antes de 1959: religiosas, de clubes deportivos, de colegios de pago. La mayoría son de los años 60 y 70. De la UJC, la CTC, la FMC, la ANAP. En ellas aparecen Lenin, Che Guevara, Julio Antonio Mella, Camilo Cienfuegos. Y Fidel Castro. Con boina, con gorra, con espejuelos, sin ellos. Una paloma posada sobre un fusil. O un fusil sin la paloma. O un machete, lo mismo para la zafra que para el combate. O un tanque de guerra, o un cohete, ambos soviéticos. O la hoz y el martillo, el Kremlin y la estrella roja. O la bandera cubana. O la soviética. O ambas unidas, por la amistad eterna que nos unía a la Unión Soviética, que estaba plasmada hasta en la Constitución de 1976.

Aquellas medallas fueron conferidas por méritos laborales, en el estudio o la defensa. Por zafras, emulaciones, congresos, conmemoraciones, por el gusto de darlas. Y los que las recibía henchían el pecho para recibirlas, de tanto orgullo no les cabía un alpiste. Era la chatarra esmaltada, en rojo o verde olivo -para prender con un alfilercito a la guayabera o la camisa manchada de grasa y apestosa a grajo, preferiblemente de miliciano, para lucir más proletarios- con que la revolución pagó el sudor de nuestros padres y abuelos.

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