Las largas colas han marcado las primeras jornadas de venta liberada de cocinas de inducción en Holguín, que empezó el pasado lunes. El módulo que se comercializa incluye una hornilla eléctrica, cazuela, jarro, sartén con tapa y cafetera por un precio de 500 pesos cubanos, pero los clientes se quejan de la lentitud en el despacho y del exceso de requisitos burocráticos.
Después de seis horas de espera, Clara Cordero pudo comprar el nuevo módulo para el que se inscribió el pasado viernes en la lista frente a la Casa Azul, un céntrico Mercado Artesanal Industrial de la capital holguinera. La tienda fue seleccionada junto a otras 62 ubicadas en la provincia para iniciar esta semana la venta de las cocinas de inducción fabricadas en Cuba.
"Llegué a las siete de la mañana y he podido comprar pasada la una de la tarde", explicó la atribulada señora. Sin embargo, una empleada del local aseguró que la demora se debe a que "antes de vender la cocina, hay que mostrar a cada cliente cómo funciona y aclarar todas las dudas que puedan surgir". Otro trámite que toma bastante tiempo, según la dependienta, es el llenado del modelo de propiedad y garantía del producto.
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