Magalys perdió el televisor, dos butacas y a su gata Lucrecia. Por fortuna pudo salvar el resto del mobiliario de las inundaciones provocadas por el torrencial aguacero del pasado 29 de abril.
"Le pido a todos los santos que no llueva tanto"
"Ojalá me escuchen por el bien de mis hijos y mi madre de 80 años", señala Josefa frente a los ídolos y el altar de la religión yoruba situados en una esquina de la casa.
Vive en un garaje devenido en hogar, cerca del malecón, en el capitalino municipio Plaza.
"Parecía el fin del mundo. Esos aguaceros son para los cubanos como bombas. Por suerte no tengo la desdicha de vivir en un local en peligro de derrumbe. Compadezco a las familias que cargan con esa desgracia. En la televisión hablaron sobre el desplome de varias casas, pero lo peor está por llegar. Con el retorno de los calores, otras viviendas se vendrán abajo", expresó.
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