LA HABANA, Cuba.- Las empresas estatales cubanas se enfrentan a grandes retos e incluso a la paulatina extinción. Por un parte, y para no entrar en contradicción con los lineamientos económicos trazados por el gobierno, deben demostrar que son superiores en eficiencia a las formas de gestión no estatales; por otra, están obligadas a aumentar el ritmo de producción en medio de los sucesivos reajustes energéticos debido a la inestabilidad en el flujo de petróleo desde Venezuela.
¿Llegó el final de la empresa socialista?
El déficit de combustible profundiza aún más la situación de caos que viven muchas de estas entidades en Cuba
La realidad actual más que un desafío es la expresión de un contexto económico tan absurdo que pudiera parecer un experimento macabro. Hay menos combustible, menos importación de materias primas, más obsolescencia tecnológica, menos fuerza de trabajo y empeoramiento de las condiciones laborales, crecimiento indetenible de las cuentas por pagar y de las deudas entre las empresas y los bancos.
Aun así, todo indica que aumentan las presiones por parte de los organismos estatales de dirección para que no se hable demasiado en los informes anuales de un decrecimiento o, peor aún, del colapso que ya experimentan algunas.