“Me quito el nombre”, exclamaba Fidel Castro en 1970 cuando alguien tímidamente se atrevía a esbozar la posibilidad de que no se lograrían los 10 millones de toneladas de azúcar. No se lo quitó y los 10 millones no fueron.
Los grandes disparates de Fidel Castro
El espejismo de aquella zafra se evaporó como la espuma del guarapo y en el 2005 apenas se alcanzaron un millón y medio de toneladas de azúcar, la producción más baja en un siglo. La nación pasó de la frase del hacendado José Manuel Casanova “sin azúcar no hay país” a la nueva aseveración de Castro: “El azúcar es la ruina de la economía cubana”.
Así ocurrió con todos sus proyectos económicos y sus visiones futuristas: de metas imposibles a catástrofes permanentes.