— El hecho de que La Habana no alinee en el top five de las ciudades más ruidosas del mundo, no significa que no sea una de las más vociferantes. De la misma manera que Tokio, New York o Buenos Aires han ido sobresaliendo por sus altos niveles de ruido, vinculados con los avances de la civilización, en nuestra capital burbujea la bulla, en creciente alza, debido a una perenne recesión económica y cultural que la aleja, paradójicamente, de las más ruidosas.
Los ruidos ocultos de La Habana
Frente al dato mundialmente aceptado que identifica a las zonas céntricas como las más ruidosas de las ciudades más ruidosas, en La Habana, los mayores índices de algazara, grosería y alboroto se localizan en la periferia. ¿Será que el régimen, de la misma forma en que margina y oculta todo lo inconveniente, también trata ahora de ocultar nuestra condición de mayúsculos vociferantes?
Si es así, respondería a un nuevo plan, que debió ser incluido entre las reformas que ha estado aplicando en los últimos tiempos. Porque hasta ayer de tarde el rebullicio y la cañona verbal (junto a la física), formaban parte de su estilo para imponer el dominio político, así que eran expuestos a plena luz y todo el tiempo, en la Plaza de la Revolución, en el Malecón o en la escalinata universitaria, entre otros sitios que bien conoce y que mucho visita el turismo extranjero.