Pertenecer a la familia Castro en Cuba es igual a ser portador de una patente de corso en tiempos modernos. De ese derecho supremo podrían servir de muestra los descendientes de esa dinastía, sobre todo los que portan en sus partidas de nacimiento los apellidos Castro Soto del Valle o Castro Espín, pero el ejemplo más reciente de las prerrogativas que concede el pedigrí de la familia real cubana, podemos ubicarlo en el negocio privado que opera en la exclusiva barriada de Miramar, en La Habana Sandro Castro Arteaga.
Negocio prohibido que opera bajo amparo del apellido Castro
Además de un reconocido Dj, el joven es hijo de Alexis Castro Soto del Valle y nieto del exgobernante Fidel Castro, y aunque en medio de una exagerada campaña contra las drogas, la prostitución y el fraude, el pasado 15 de septiembre de 2016, el Gobierno de la capital suspendió “temporalmente” la emisión de licencias para la apertura de nuevos restaurantes privados; ese mismo mes, e ignorando las orientaciones de Isabel Hamze, vicepresidenta en funciones del Consejo de la Administración Provincial, se emitió un nuevo permiso para el bar-restaurant-discoteca que opera Sandro.
Ubicado en la intercepción de 7maA y 70, en Miramar, Fantasy, que antes fue un restaurante de comida italiana, es ahora una discoteca de moda, el lugar donde la élite juvenil disfruta la noche habanera sin horario, ni freno en el calendario, como dice la tonada, ni reparos en el consumo de cualquier líquido o sustancia. El local se reserva el derecho de admisión y tiene un límite de capacidad para 90 personas, aunque la cifra supera, por mucho, el número de sillas establecido por la ley para restaurantes privados.
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