Convincente, jovial, con un vocabulario exuberante y una buena presencia, Eduardo Mora fue hasta hace poco uno de los principales presentadores del noticiero matutino Buenos Días. Hasta las consignas más aburridas cobraban gracia en su personal estilo.
Portavoz de la dictadura podría haberse quedado a vivir en EEUU
Desde hace poco más de un mes, en los pasillos del Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT) todo el mundo comenta, cada cual a su manera, que ha desertado, que no vuelve más, que se quedó. En mayo, Mora había asistido como ponente en un evento de LASA en Nueva York y, al terminar las sesiones, solicitó a sus jefes del Sistema Informativo prolongar su ausencia por unas semanas más, pero se lo negaron. El presentador pretendía aprovechar el viaje para visitar a su hermano en Miami y dar unas conferencias para intentar comprarse una casa en La Habana con el dinero recaudado. Al no presentarse en la fecha requerida fue despedido.
Ahora, sus colegas comentan en voz baja que Mora "ha pasado a mejor vida". Esta expresión, reconocida como sinónimo de deceso, se ha convertido ahora, irónicamente, en la forma de comparar la vida del cubano que se queda con la del cubano que se va.