LA HABANA, Cuba.- El hombre vive en un cuartucho de La Habana Vieja. Tiene poco más de 40 años, pero aparenta más edad. "Es el rigor de la prisión" me dice mientras toma algo indefinido, que parece alcohol, de un pequeño pomo de plástico.
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"Dicen que soy un enfermo, un depravado, pero este país está podrido completo", dice Pedro
El techo de la cuartería está despejado a esta hora del mediodía, el sol seca las sabanas puestas en las tendederas. En una porción de sombra, cercana a donde guarda sus herramientas de albañil, Pedro –así prefiere que se le nombre– se dispone a contar su historia.
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