LA HABANA, Cuba.- Olga vive desde hace varios años en Hialeah. Dos de sus hijos la reclamaron y actualmente es una cubana de 68 años, residente en los Estados Unidos. Sin embargo, a pesar de que, debido a sus múltiples padecimientos médicos, es beneficiaria de una ayuda económica del gobierno norteamericano, todos los años regresa a Cuba para recibir atención médica, comprar medicamentos regulados y, de paso, dejar algo del dinero ahorrado de la pensión a sus otros hijos que se mantienen en la isla. Su caso no es excepcional, es similar al de otros miles de cubanos.
Vivir en Miami y curarse en La Habana
Mercedes, otra cubana residente en el estado de la Florida, se marchó de la isla en el 2003 y regresa todos los años para continuar un tratamiento debido al hipotiroidismo que padece, consecuencia de un tumor recurrente en las glándulas tiroideas:
“Me fui (en el 2003) ya operada y con tratamiento (…). Regreso todos los años, me hago las pruebas aquí en la Covadonga y recibo tratamiento normalmente, como si viviera aquí. (…) No tengo que pagar pero siempre traigo regalitos a la enfermera, a los médicos, a todos los que me atienden, así aseguro que siempre me atiendan. (…) Con todo y eso, aquí en Cuba resulta más barato que en Estados Unidos. (…) Me renuevan el tarjetón todos los años (tarjeta para la adquisición de medicamentos regulados en las farmacias estatales) y así yo compro las pastillas que necesito y me las llevo porque también me salen muy baratas”, afirma Mercedes que además aprovecha sus visitas a Cuba para adquirir en las farmacias grandes cantidades de Captopril de 25 mg y de ácido acetil salicílico de 125 mg, otros medicamentos regulados que su esposo, también residente en los Estados Unidos, usa para el tratamiento de la hipertensión arterial: