\Las competiciones de automóviles y de motocicletas se cuentan entre las atracciones que suelen movilizar a grandes públicos en todas las regiones geográficas. Son atractivas para grandes y para chicos; para mujeres y para hombres; en Oriente y en Occidente. Pero si estas competiciones son ilegales, la adrenalina —tanto de los conductores como del público— suele dispararse hasta el desborde. El plato fuerte en estos casos es la carrera en sí misma; pero el aderezo, sin dudas, son las apuestas.
La Habana underground
La Habana no es una ciudad exenta de la ocurrencia de estos eventos. Las competiciones ilegales de autos y de motos han dejado de ser una "especulación de jóvenes bitongos" para convertirse en una oferta más que propicia la vida nocturna underground. Una alternativa más cuando el alcohol, el flirteo o "jugar a ser pillos y policías" no alcanzan a vencer el aburrimiento. Una oferta que convoca no solo "a delincuentes y a enajenados" —que es lo que el Gobierno desea— sino que incluye a toda una juventud, no necesariamente "descontextualizada, ni ingenua y sin sentido de pertenencia", que se niega a participar en un "oblivoluntario" programa de "recreación y calidad de vida sana".
Mantener el anonimato o asumir el seudónimo cuando se relata sobre esta Habana dentro de La Habana —ambas distintas pero reales— es crucial. Incluso se sugiere la no mención de lugares "claves" donde se organizan actualmente "eventos más serios" que aún no están "quemados". La policía, ineficaz para combatir la primera causa de "vida a todo tren" —la corrupción estatal— despliega, sin embargo, todos los recursos en pintorescos operativos que obligan a que estas carreras tengan un carácter nómada.