Puerto Rico 23 abril 2020

David Capó indica que datos apuntan a una "desaceleración" de la curva epidemiólogica

Según el epidemiólogo del Estado, la severidad y la intensidad de los contagios han disminuido

Reconociendo que prevalece la confusión en torno al número de casos positivos al COVID-19, el epidemiólogo del Estado, David Capó, indicó que, hasta la fecha, la data en manos del gobierno apunta a “una desaceleración” de la curva epidemiológica, en especial, en “la intensidad y la severidad de los contagios” en Puerto Rico.

En entrevista con El Nuevo Día, y mientras continúan los cuestionamientos en torno al manejo de las pruebas efectuadas a la fecha, Capó hizo hincapié en que tales señales de “desaceleración” no suponen que Puerto Rico pueda modificar las restricciones actuales a la actividad comercial o el toque de queda vigente hace poco más de un mes.

Más bien, tales indicativos, explicó el epidemiólogo, son positivos en la medida en que el sistema hospitalario no se encuentra bajo presión para responder a la crisis sanitaria.

“La severidad de los contagios se está desacelerando y eso es positivo. Eso es lo que queremos que continúe”, dijo Capó.

Subrayó que no será hasta el 8 de mayo próximo y hacia la segunda mitad de mayo cuando el gobierno pueda comenzar a analizar qué tipo de actividades económicas podrían reclasificarse como esenciales y reanudar la operación paulatina de estas.

De acuerdo con Capó, en Puerto Rico y Estados Unidos “comienza a alejarse” la duplicación de muertes, una de varias consideraciones para entender el avance y el curso de la pandemia.

Explicó que desde que cada país empieza con su primer caso de coronavirus, el número de muertes suele ser alto y a medida que se controlan los casos, se espera un descenso en hospitalizaciones y muertes diarias.

“Esto viene siendo un signo alentador en el sentido de que las muertes no dependen de las pruebas (realizadas)”, dijo Capó.

En Puerto Rico, sostuvo Capó, la experiencia apunta a que la mitad de los casos diagnosticados mediante una prueba molecular terminarán en una visita a la sala de emergencia o al hospital por recomendación médica. De esos, dijo el epidemiólogo, aproximadamente 20% necesitarán cuidado intensivo y de esos, al menos uno morirá.

En el caso de la isla, sostuvo el epidemiólogo, entre el 8 de marzo y el 8 de abril pasados, Puerto Rico ha ido “transicionando” de duplicar sus víctimas fatales por COVID-19 en un día a cada dos días “y ahora, estamos entre tres y casi cuatro días”.

“Lo que estamos diciendo es que la cantidad de muertes se ha mantenido en una o dos muertes diarias”, explicó el experto.

Si bien el objetivo del gobierno es llegar a un punto en que no se produzcan muertes diarias por coronavirus, la data -a la fecha- apunta a que, en relación al inicio de la pandemia, es decir el pasado 8 de marzo, el número diario de muertes por la condición respiratoria se ha “estabilizado”, relativamente hablando.

Empero, Capó no se siente cómodo con que se baje la guardia. Esto, porque, aunque también se mantienen estables, el Registro Demográfico anota diariamente entre una y dos muertes por sospecha de coronavirus.

Entendiendo la pandemia sin recursos

El problema es que las señales de “una desaceleración” en la curva epidemióloga valen de poco cuando hay dudas en torno a la realización de pruebas de COVID-19.

“La confusión es comprensible, sobre todo, cada vez que hay algún tipo de alerta (de casos) positiv(os) o cuando se reporta que el empleado de una empresa arrojó positivo, pero cuando esa información se da no sabemos si se trata de un resultado por una prueba rápida, que puede ser un falso positivo, o si fue (una prueba) molecular”, indicó Capó.

Capó indicó que ahora que se ha depurado la data para compartirla con el Instituto de Estadísticas de Puerto Rico (IEPR), el gobierno separa los resultados de pruebas rápidas de aquellos obtenidos mediante pruebas moleculares para tener información de mejor calidad.

Lo mismo se ha hecho con el conteo de víctimas fatales, separar los decesos por COVID-19 de aquellos sospechosos a la condición reportados por el Registro Demográfico.

En esencia, Capó intenta dar sentido a una gestión clave de salud pública y que, a través de los años, ha sido desarticulada y diezmada.

No ha sido hasta ahora, casi cinco semanas después de la orden de cierre y toque de queda que la unidad que dirige Capó -y que apenas cuenta con 20 empleados para todo Puerto Rico- ha recibido refuerzos -unos 50- del resto de la agencia. Esto, a pesar de que muchos funcionarios del Departamento de Salud no habían estado trabajando plenamente en el pasado mes por la declaración de emergencia.

La cantidad de información que hay procesar y la tarea de rastreo de enfermos y sus contactos es tanta que ni siquiera la totalidad de los empleados de Salud darían abasto, dijo Capó. El epidemiólogo busca adiestrar a empleados municipales y estudiantes universitarios para que le asistan en el proceso, en especial, en el rastreo de casos, una estrategia que todavía no madura.

Además, aunque el equipo epidemiológico recibe los datos, Capó no tiene control sobre los procesos que anteceden a las cifras y tampoco controla la calidad o el proceso de administración de pruebas.

Por ello, por ejemplo, Capó no pudo precisar a qué responde la brecha de pruebas pendientes de resultados. La unidad de “Epi” como se llama en la jerga de la agencia tampoco gestiona los datos de hospitalizaciones y cuidado intensivo. Tales datos son recopilados por el programa de Bioseguridad de la agencia, explicó el epidemiólogo.

Play VideoExpertos discuten debate sobre reapertura ¿Será apropiado realizar la reapertura en medio de la falta de cifras y datos confiables de los casos de COVID-19? La infectóloga y ex epidemióloga del Estado, Ángeles Rodríguez, y el economista y catedrático de economía de la Universidad de Puerto Rico, Juan Lara, responden.

“Por eso insistimos tanto en que tienen que seguirse las guías”, sostuvo Capó.

Las pruebas, las hospitalizaciones y las muertes

Habida cuenta que muchos dudan de las cifras ofrecidas por el gobierno, El Nuevo Día preguntó a Capó acerca de la confiabilidad de las pruebas rápidas que el gobierno ha adquirido y utilizado por espacio de un mes.

Capó sostuvo que su entendimiento es que ese proceso de validación de la calidad de las pruebas (un proceso posterior a corroborar la sensitividad de estas con los fabricantes a la hora de comprarlas) ha estado a cargo del “task force” médico.

“Ese es otro componente que no trabajamos en Epi. Mi impresión es que el ‘task force’ junto a otro equipo de Salud evalúa los criterios. Nosotros, medimos el resultado de las pruebas obtenidas y damos recomendaciones”, explicó. “La evaluación de que una prueba esté siendo válida y confiable, no lo estamos trabajando nosotros”.

Según los datos depurados más recientes, hasta este jueves, los casos confirmados a COVID-19 en Puerto Rico rondaban 915. De estos, 726 positivos se obtuvieron mediante pruebas moleculares y 189 de pruebas serológicas. El total de víctimas fatales, que incluye muertes sospechosas, ronda 67.

El Nuevo Día solicitó insistentemente los datos de hospitalización en la plática con Capó. El funcionario aseguró que la información estaría disponible en el “dashboard” de COVID-19, un portal que ha estado fuera de funcionamiento por al menos tres días, debido a una falla eléctrica y posteriormente, problemas con los servidores, se informó.

Al momento de la publicación, los datos de hospitalización no habían sido provistos y el sitio statuscovid19.pr.gov continuaba inservible.

Ahora que se administrarán más pruebas serológicas, Capó cree que será muy probable que el número de casos positivos acumulados bajo el método de pruebas rápidas aumente, pero recordó que esas pruebas podrían ser “falsos positivos” o podrían ser casos sin riesgo de severidad de hospitalización y muerte.

En ese escenario confuso, sostuvo Capó, es que “la curva de muertes es la que añade más valor”.

Y si las señales alentadoras se confirman, estas se producen al cabo de un mes de encierro y de las prácticas puestas en vigor por la gente, incluyendo el lavado de manos, el uso de desinfectante de manos y de mascarillas.

“En este momento no (podemos hacer cambios), cuando empecemos a tener cero muertes, ese será el principio del ‘plateau’ para empezar a analizar y hacer las determinaciones”, dijo Capó al insistir en que las medidas de distanciamiento social tendrán que continuar. “Habrá que ir poco a poco”.

“Vamos a necesitar las mascarillas por buen tiempo y el asunto de los abrazos y los besos también va a tardar”, sostuvo Capó.

Fuente: elnuevodia.com

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