Desde una tribuna de madera, varias familias acompañan con aplausos el ingreso de los equipos al campo de juego. Candelaria Cabrera se ubica como volante por la derecha cuando el árbitro toca el silbato. Delgada y de tranco largo, la futbolista se impone en velocidad por su banda y con un disparo de zurda anota el primer gol para Huracán de Chabas en el 2-2 ante Alumni por una liga regional femenina del sur de la provincia de Santa Fe.
Argentina, el semillero de jugadores que busca a la Messi del fútbol femenino
Hasta hace poco, no había equipos ni torneos femeninos en esa zona fructífera de futbolistas hombres. En 2018, Candelaria era la única niña que jugaba en la liga infantil de varones. Cuando una normativa regional que prohíbe formaciones mixtas en categorías menores quiso sacarla de las canchas, ella y su familia dieron una pelea que marcó un punto de inflexión en el fútbol femenino de Argentina.
“Se empezaron a sumar bastantes chicas, a algunas las conocía y a otras no. Y de pueblos cercanos. Sabía que querían jugar, pero no sabía que se iban a animar”, contó Candelaria, de 12 años, en una reciente entrevista con The Associated Press al recordar el impacto que generó una fotografía viral suya a sus siete años sosteniendo un cartel escrito a mano por ella (“Quiero jugar al fútbol”) y una pelota debajo de su pie derecho.