Liverpool volvió a encumbrarse a lo más alto del fútbol europeo gracias a un tempranero penal convertido por Salah y el tanto de Divock Origi en la agonía, que le valieron su sexta corona continental tras vencer el sábado 2-0 al Tottenham en la final de la Liga de Campeones en Madrid.
En el primer ataque del encuentro, que salió de las botas de los Reds, el balón impactó en el brazo del mediocentro de los Spurs Moussa Sissoko en su área y el colegiado Damir Skomina decretó la pena máxima. Tras la intervención del videoarbitraje, el delantero egipcio batió al arquero francés Hugo Lloris con un zurdazo impecable.
Ahí mismo empezó a encarrilarse el triunfo de Liverpool y borrar el mal recuerdo de la final del año pasado en Kiev, donde cayeron 3-1 ante el Real Madrid y él tuvo que ausentarse en la primera mitad por una lesión.