No solo porque los dos se vistieron con sus mejores galas y asistieron a la cena de campeones el domingo por la noche, donde compartieron una danza. Y tampoco porque los dos siguen ocupando el número uno de sus respectivos escalafones.
Tanto Djokovic, que ganó su tercer título de Wimbledon al vencer a Roger Federer 7-6 (1), 6-7 (10), 6-4, 6-3 en la final, y Williams, que ganó su sexta corona con un triunfo sobre a la hispano-venezolana Garbiñe Muguruza por 6-4, 6-4, están demostrando que son capaces de alzarse con el título cada vez que se inscriben en un torneo de Grand Slam.
Aparte de alguna lesión o algún imprevisto, los dos serán grandes favoritos en el Abierto de Estados Unidos a fines de agosto.