En una prisión de máxima seguridad a las afueras de Boston, y a una hora de camino del estadio en el que jugó al lado de estrellas de la talla de Tom Brady y Rob Gronkowski, Hernández trabó la puerta de su celda individual para impedir que los custodios intentaran detenerlo, y puso un fin prematuro a su sentencia de cadena perpetua como condena por un homicidio ocurrido en 2013.
Tenía 27 años.
Menos de una semana después de ser exonerado de otros dos homicidios, los guardias encontraron a Hernández sin vida en su celda poco después de las 3 de la mañana, dijo el vocero del Departamento de Correccionales Christopher Fallon. El ex tight end de los Patriots de Nueva Inglaterra fue llevado a un hospital, donde se certificó su muerte cerca de una hora después.