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La columna de Jorge Morejón

OPINION | Dios los cría y el Diablo los junta

Carlos Tabares fue un peloterito de medio palo que llegó hasta la selección nacional gracias a que los buenos peloteros de Cuba decidieron irse a buscar un mejor futuro.

Entonces, suplía sus carencias deportivas con lo que en la isla llaman “actitud combativa” y se vanagloriaba públicamente de usar bates enviados directamente desde el Imperio por Gerardo Hernández, el espía jefe de la Red Avispa.

¡Menudas condiciones de encarcelamiento se gastaban los cinco espías, cuando podían mandar a Cuba artículos tan frívolos como bates de béisbol!

No es que los bates-espías fueran mágicos y conectaran la pelota por sí solos, pero con semejante alarde, Tabares garantizaba su estatus de “confiable” para sus viajecitos al exterior en busca de baratijas.

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