Entonces, suplía sus carencias deportivas con lo que en la isla llaman “actitud combativa” y se vanagloriaba públicamente de usar bates enviados directamente desde el Imperio por Gerardo Hernández, el espía jefe de la Red Avispa.
OPINION | Dios los cría y el Diablo los junta
Carlos Tabares fue un peloterito de medio palo que llegó hasta la selección nacional gracias a que los buenos peloteros de Cuba decidieron irse a buscar un mejor futuro.
¡Menudas condiciones de encarcelamiento se gastaban los cinco espías, cuando podían mandar a Cuba artículos tan frívolos como bates de béisbol!
No es que los bates-espías fueran mágicos y conectaran la pelota por sí solos, pero con semejante alarde, Tabares garantizaba su estatus de “confiable” para sus viajecitos al exterior en busca de baratijas.