Trump, en cambio, viajó a Michigan en un intento de sacar provecho a la huelga del sindicato United Auto Workers y de atraer a los obreros sindicalizados en un estado crucial que podría ayudar a decidir la elección general. Sus competidores, mientras tanto, se negaron a participar en un juego propuesto por los moderadores en la Biblioteca Ronald Reagan al estilo de los reality show, eligiendo a quién descartarían de la pugna o votarían "fuera de la isla”.
Aspirantes republicanos a la presidencia se atacan entre sí y a Trump durante debate
El tono del debate estuvo muy alejado de una campaña marcada por los ataques de Trump contra sus rivales y las instituciones democráticas, así como por sus quejas por una serie de procesos penales y civiles contra su persona y sus negocios. Los moderadores no preguntaron por los cargos contra Trump ni por qué las personas en el escenario estaban más cualificadas que Trump, y en su lugar plantearon temas como educación, política económica y la frontera entre México y Estados Unidos.
Los candidatos criticaron a menudo a Trump por iniciativa propia en un intento de distinguirse en un momento crítico cuando apenas quedan cuatro meses para que las asambleas partidarias de Iowa den inicio formal al proceso de nominación presidencial. Trump se ha mantenido como favorito pese a una larga serie de vulnerabilidades, como cuatro acusaciones penales que incluyen la posibilidad de pasar décadas en prisión.
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