En una alocución desde la Casa Blanca, Trump parecía decidido a bajar la tensión a la crisis, la cual había aumentado después que autorizó el asesinato del general iraní Qassem Soleimani, perpetrado la semana pasada. Irán disparó durante la noche más de una docena de misiles contra dos bases en Irak, en lo que constituye el ataque iraní más directo contra Estados Unidos desde la toma de la embajada estadounidense en Teherán en 1979. El Pentágono dijo el miércoles que creía que Irán había disparado con intención de matar efectivos estadounidenses.
Aun así, Trump señaló concretamente que “Irán al parecer se ha apaciguado, lo cual es bueno para todas las partes implicadas y muy bueno para el mundo”.
A pesar del tono conciliador, la región seguía en vilo, y las fuerzas estadounidenses, entre ellas un contingente de reacción rápida enviado el fin de semana, se encontraban en alerta. La semana pasada, miembros paramilitares iraníes asediaron la embajada estadounidense en Bagdad, y los aliados de Teherán en la región conservan su capacidad para perpetrar ataques como el del 27 de diciembre, que costó la vida a un contratista estadounidense y desató la reciente cadena de hostilidades.