Cuando los realizadores de un documental sobre su vida le presentaron nuevas pruebas de su vinculación con tres homicidios, el apesadumbrado magnate parpadeó, eructó de manera extraña, se jaló una oreja y descansó brevemente su cabeza sobre sus manos, para finalmente negar que fuera el asesino.
"Ya está. Te atraparon", dijo. "¿Yo que demonios hice? Matarlos a todos por supuesto".
Ese momento no salió en el último de seis capítulos de un documental sobre la excéntrica vida de este heredero de una fortuna de bienes raíces en Nueva York.
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