Pero también propinó un fuerte golpe a sus aliados, aumentó su aislamiento en la escena mundial y resucitó las dudas sobre la credibilidad de Estados Unidos en lo que constituye la medida de política exterior más trascendental de su presidencia.
Los gobernantes de Alemania, Francia y Gran Bretaña, cuyos países también firmaron el acuerdo, lamentaron la decisión y dijeron que intentarían salvar el acuerdo con Irán. El presidente iraní Hasán Ruhani dijo que decidió enviar a su ministro del exterior a conversar con los otros países signantes del acuerdo, aunque advirtió que hay poco tiempo para negociar con ellos y que su país podría pronto “comenzar a enriquecer más uranio que antes”.