Afuera las luces amarillas del pequeño circo “Tony Perejil”, llamado así en honor a su padre, que también payaso, se mezclan con las de miles de cabañas que pueblan las inmensas colinas desérticas de la periferia de la capital peruana.
“Lima está pésima”, dijo el payaso antes de anunciar que llevará su carpa hasta la frontera con Ecuador en busca de mejores horizontes.