El ataque dejó al menos 22 muertos, incluyendo a una niña de 8 años, y destruyó el júbilo al final de un concierto de la cantante estadounidense Ariana Grande.
El ritmo jovial de la música pop y los coros de jóvenes e inocentes seguidores fueron remplazados por un estallido, una ola de gritos y una estampida llena de pánico por parte de los asistentes, muchos de los cuales salieron con globos rosas en las manos y utilizando las características diademas con orejas de gato que popularizó la cantante.