Cientos de partidarios de Lula con camisetas rojas, congregados frente a la sede de la Policía Federal en la ciudad sureña de Curitiba, vitorearon al popular político de 74 años, cuya liberación podría dar ánimos a una oposición desmoralizada.
Lula, que aún está apelando su condena por corrupción y lavado de dinero con relación a la compra de un apartamento frente al mar en el estado Sao Paulo, abrazó a su hija, alzó un puño y luego se abrió paso hasta un escenario donde lo rodearon su novia y otras personas.
“No tienen idea de la dimensión del significado de que esté aquí con ustedes”, les dijo Lula a sus jubilosos partidarios, agradeciéndole a los líderes sindicales y a su partido, el Partido de los Trabajadores (PT). “Ellos no arrestaron a un hombre. Intentaron detener una idea. Una idea no desaparece”.