Las medidas entraron en vigor antes de un referendo cuyo resultado podría determinar si el país abandona la moneda común, el euro, y regresa a la divisa nacional, el dracma.
El primer ministro griego, Alexis Tsipras, mantuvo su postura desafiante y exhortó a los electores que rechacen las exigencias de los acreedores internacionales. Insistió en que el triunfo del "no" en la consulta del próximo domingo fortalecerá la capacidad negociadora de Atenas.
"Les pedimos que rechacen las propuestas con toda las fuerzas de su alma, con el mayor margen posible", declaró Tsipras por televisión.