LA HABANA (AP) — Para muchos exiliados y sus partidarios, el presidente Raúl Castro es un dictador brutal que encarcela a los disidentes en prisiones similares a las del gulag, aplasta la disertación política y condena a su pueblo a una pobreza socialista.
Por su parte, los partidarios del régimen de Cuba ven al gobierno como heroico, cuyos pecados están justificados por el comportamiento de su gigantesco enemigo norteño, y compensados por el hecho de que proporciona atención de salud y educación con los que la mayoría de los países en desarrollo sólo pueden soñar.
Y, como suele suceder, la verdad yace en alguna parte del medio.