La cifra de fallecidos subió a 159, pero el número total de personas muertas o desaparecidas era incierto debido a la presencia de miles de vacacionistas en el área durante los últimos días del verano.
Los residentes fueron despertados antes del amanecer por el movimiento telúrico y emergieron de sus derrumbadas casas para encontrarse con lo que describieron como escenas apocalípticas similares "al infierno de Dante", con manzanas completas de edificios convertidas en montones de arena y piedra, polvo denso que hacía el aire irrespirable y un fétido olor a gas.
"El poblado ya no existe", dijo Sergio Perozzi, alcalde de Amatrice, la localidad más dañada. "Creo que la cifra de víctimas va a aumentar".