El volcán, que llevaba dormido más de cuatro décadas, entró en erupción el miércoles, provocando una columna de ceniza que se elevó a 18 kilómetros de altura. El jueves se produjo una segunda y espectacular erupción, en la que los rayos brillaban a través de un cielo oscuro tiznado de naranja rojizo por la explosión.
A los pies del volcán, Ensenada quedó cubierta por una gruesa capa de ceniza, planteando el temor de que pudiera contaminar el agua, provocar enfermedades respiratorias y dejar más vuelos en tierra. Algunos tejados se derrumbaron bajo el peso del material arrojado por el volcán.
Treinta vecinos se negaron a evacuar temiendo por sus viviendas y sus animales, indicaron las autoridades. Ensenada se mostraba desierta, salvo por unos pocos habitantes con mascarillas y el ocasional caballo o perro caminando por su única calle.