Tras ser recibido por el presidente, Enrique Peña Nieto, y su esposa, Angélica Rivera, entre bailes, música de mariachis y una canción especialmente compuesta para él, el primer pontífice latinoamericano subió a su papamóvil y partió hacia la Nunciatura, donde se alojará las cinco noches que estará en el país.
El papa ha dicho que en su visita no pretende voltear la mirada a los problemas que enfrenta México, como el narcotráfico y la corrupción.
Sin embargo, algunos grupos de víctimas de la violencia y de abusos sexuales por parte de sacerdotes esperaban ser recibidos en privado, algo que, según insistió el Vaticano hasta el mismo viernes, no estaba previsto.